
LOS ATAJOS DEL LABERINTO
Tengo yo un amigo profesor. En Suiza. Por la parte de Ginebra, más concretamente. Nos entendemos bastante bien los dos, ya que aunque mi francés diste mucho de ser fluido, ambos acostumbramos a emplear el español cuando departimos entre nosotros. Lo que por otra parte es bien natural contando con los orígenes de mi amigo. El es argentino, bonaerense, con -por lo menos- un paisano mío andaluz entre sus antepasados, alguien apellidado Barrientos. Mi amigo se llama Leocadio Nezzi Barrientos y en la actualidad se dedica a impartir clases de literatura hispánica en la universidad de Lausanne, donde entre sus alumnos figura tener fama de amable y despistado. Según me cuenta.
Le conocí a Leocadio por casualidad, a través de Internet, hará cosa de unos cinco años. A los dos nos apasiona Jorge Luis Borges y entrando a comentar en una web casi desconocida dedicada a este artista: "Los Atajos del Laberinto" -... se imaginan, en pos de un modesto lucimiento público acorde con nuestra perspicacia- la coincidencia de pareceres que ambos sustentamos esa vez sobre la intención última del autor al emplear en uno de sus cuentos una serie similes bastante estrambóticos, propició que naciese entre nosostros una fluida correspondencia dedicada, casi siempre, a poner en solfa nuestras opiniones, y contrapesar nuestras diferencias, en torno a todo tipo de detalles curiosos susceptibles de ser descubiertos en la obra del maestro por parte de todos aquellos que nos preciamos de conocerla a fondo. Y amarla como se merece.
Detalles estos, que por su particularidad, y sobre todo por las repercusiones e influencias de todo tipo que les presuponíamos pese a su aparente inocencia, gustábamos Nessi y yo que permaneciesen inadvertidos para el resto de los mortales, incluidos los visitantes más asiduos de "Los Atajos del Laberinto", y hasta los propios titulares del website, a quienes ni se nos pasaba por la cabeza hacer partícipes de tan suculento botín ¿qué iban a hacer con él esos pobres diablos?. Consignemos aquí entonces que, desde el que fue nuestro primer encuentro cibernético, el profesor Nessi y yo comenzamos a incubar al alimón una serie de secretos de escritorio, relativos a Borges, que nos han permitido gozar a ambos de algunos regocijantes momentos de meditación y remembranza.
Borgianos los dos, valga el término, y escritores ambos, aunque en lo que a mi respecta los méritos escasos que me proporcionan el sustento poco o nada tengan que ver con el canallesco mundo de las letras, hemos ido dedicando nuestros mejores afanes un días tras otro, una carta electrónica tras otra, a intentar desmenuzar la obra del excelso misántropo. Un trabajo de disección muy especial ya que más allá del cuerpo -las palabras- lo que a mi parecer hemos pretendido es insertar nuestros afilados bisturies cerebrales en el alma -las intenciones- del exclusivo esteta. Perseguimos una recompensa que si para muchos sería tirando a parca a nosotros dos se nos antoja valiosísima, la de hacernos con una serie de pistas definitivas en orden a descifrar alguno de los enigmas claves presentes en la existencia de Borges, el fundamental de todos sin duda, para mi, lo constituirían las razones por las que este jamás se decidió a escribir una novela, por más de lo que a este respecto pueda haber opinado en algún momento de su vida el señor Carlos Menem.
Y en estas, una de esas niñerías que a veces acontecen entre los fans más acérrimos de los divos -ejeeem...- Nessi y quien les habla empezamos a barajar la posibilidad (primero comenzamos haciéndolo en broma, luego: medio en broma medio en serio, y, a lo último, completamente ya a conciencia; y con ello quiero decir: conscientemente) de que esa novela existiera pero hubiere quedado inédita por la propia voluntad del maestro. O de Maria Kodama. ¡Vaya usted a saber!
En cambio, interesa por encima de lo restante a Leocadio descifrar el comportamiento sentimental de Borges. Y así se se cuestiona constantemente no tanto su celibato -al fin y a la postre son numerosos los escritores, y escritoras, que permaneciendo solteros hasta la fecha de su óbito no han llegado a levantar ningún tipo de suspicacias sobre su conducta- como el discreto papel que en comparación con el del amor en cuanto sentimiento universal, el genio habría decidido otorgarles en su obra a unas hipotéticas enamoradas suyas. Siendo justo esa curiosidad por intentar saber si los enamoramientos de Borges propasaron en alguna ocasión el terreno del platonismo para adentrarse en otros sin duda más jugosos, y resbaladizos, la que ha propiciado en primer término -luego hubieron de concurrir: la existencia de la vacante en el departamento de literatura hispánica de la institución, sus prolijos conocimientos de la materia y un entente apresurado con el sesudo caballero que en esos momentos dirigía el decanato- la presencia de mi amigo en Lausanne. Ginebra dista de allí no mucho más de media hora en automóvil y, de decidirnos a hacerle caso cuando perora sobre el asunto, habría sido la insulsa ciudad helvética, en la que se desarrollaron buena parte de sus vivencias juveniles, el escenario que permitió a Borges disfrutar junto a una muchacha galesa del gran amor de su vida. Tenía pendiente de averiguar no obstante, Leocadio, según el mismo reconocía, si aquél llego a gozarlo de forma categórica. Esto es, saber si los contenidos sentimientos eróticos del numen llegaron, o no, a desbocarse, a materializarse de facto con el goce real de las formas y las texturas de la carne de la chica. Si llegaron a acostarse juntos, vaya.
Sobre la identidad de la presunta amante británica de Borges guarda el susodicho -incluso conmigo, que a lo más que se atrevió, fue a revelarme esos orígenes cámbricos de la mujer- un cauteloso hermetismo y yo me dedico a incordiarle un poco poniendo en tela de juicio la verosimilitud de sus conjeturas, no paro de reclamarle pruebas concretas en las que poder sustentarlas. Esto es algo que a él le saca de sus casillas, aunque no lo reconozca, y en las cartas en las que deberían haber figurado sus explicaciones, procede siempre a despacharse desentendiéndose de mis apremios y remiténdome atolondradamente a algún ensayo suyo -concerniente a algún ensayo de Borges- del que, a su juicio, a poca suspicacia que posea el lector va a caberle detraer de lo escrito los datos necesarios para deducir que el joven Jorge Luis sucumbió, cual simple mortal, a los dulces encantos del erotismo durante su estancia ginebrina. Con lo que él a su vez -no sé si a propósito- consigue, también, descasillarme a mi, que no alcanzo a asimilar como pese a semejante desgobierno en su estilo literario -y lo extremadamente aleatorias que acostumbran a ser sus infrecuentes opiniones- esa serie de opúsculos suyos sobre el literato, objeto de sus citas, le han podido permitir disfrutar de cierto nombre y alguna reputación en medios académicos. E incluso audiovisuales. Entre nosotros, Leocadio es un fantasioso embarullado. Sí, esa es la calificación que mejor le define al pájaro: la de fantasioso embarullado. Pero al muy cabrón lo han sacado ya en la tele como contertulio de algunos debates culturales ¡por lo menos cuatro veces!.
El colmo del vaso se rebasó ayer mismo a las once de la noche. Llevaba ya unos dias, el botarate, mandándome una serie de correitos en los que aludía a la gigantesca sorpresa que iba a llevarme a no mucho tardar si ciertas pesquisas en las que andaba enredado con una guapa bibliotecaria de Grenoble -el tío me aseguraba que "la mina es lindísima"- llegaban por fin a buen puerto. Fue ayer por la noche que recibi, en la pantalla de mi ordenador, estas palabras de Leocadio que paso ahora a transcribir acá:
"Pese a que estabas sobre aviso, boludo, la sorpresa que te voy a dar, va a ser, igual: bufante, gigantesca. Al final, he podido salirme con la mía y el original se halla ahora mismo en mi poder. Blanche lo encontró dentro de una primera edición de "La Cartuja de Parma" y tras una deliciosa cena romántica, y su colofón correspondiente, la joven no ha tenido el menor reparo en cedérmelo. Sí, así es... antes no era de nadie, ahora es mío. No me consta quién pudo haberlo metido entre las páginas del libro. Sí conozco al dueño de la mano que lo redactó. Su estilo es inconfundible. Y la firma, también. Ahí tenés, ante vuestros ojos mezquinos y medio cegatos, una poesia inédita de J.L. Borges, un soneto. ¡Disfrutala!.
La eternidad fue ayer, hoy es la historia
de una flor que mi mano ya no alcanza,
el guión de otra noche de añoranza
y este olor a lavanda en mi memoria.
El tictac de un reloj; métrica y gloria,
Pandora liberando la esperanza,
corazón que no inclina la balanza;
un final con sentencia absolutoria.
La eternidad se fue de nuestro lado
y nos dejó aquel verbo intransitivo
que ahora conjugamos en pasado;
sin pronombre sin causa y sin motivo.
Me pregunto si Dios se habrá cansado
de esperarme a la sombra de su olivo.
Leí el poema dos veces y volvi a releerlo una vez más. Me emocioné. Sonreí. El que Leocadio no hubiese dado con su paradero entre la extensa obra del prócer, no quería decir que fuera inédito. ¡Ni mucho menos!. Además... estaba casi convencido que todo eso que me contaba de la hermosa bibliotecaria, la cena, y el colofón a la misma, no pasaría de ser un desvarío, otro más, de su obtusa mente calenturienta. Sin embargo... he dejado pasar una buena parte de la noche repasando a conciencia la obra completa del insigne escritor y no he podido dar con el texto. ¿?.
Estoy convencido, casi, de haberlo leído antes, en alguna ocasión, no sé cuando, no sé en que libro.... ¿alguno de ustedes me puede ayudar a encontrarlo?. Esto me permitiría desenmascar la burda patraña del bellaco. Y yo se lo agradecería eternamente.
34 comentarios
Querido amigo, no sé si tú amigo profesor te ha tendido una trampa o no, si esa poesía de Borges es auténtica o es una artimaña de tú amigo para que te devanes los sesos, pero sí sé que si él es tan fanático como vos para el mundo Borges y encima tuvo una noche espectacular con una gran mina y le dió en verdad ese escrito tú amigo debe haber tocado el cielo con las manos y de seguro pensó en vos al momento de tener aquel tesoro en sus manos.
Los argentinos somos así, o somos los mejores del mundo O NADA jajajaja.
Debo reconocer, aunque esto te cause decepción que a mí la poesía y Borges no me gustan para nada, sí, no soy adepto a la poesía amigo, prefiero una gran novela, una excelente narrativa en prosa, o un pequeño cuento.
Te mando un abrazo. Siempre me doy una vuelta por tú buen blog.
Saludos desde Córdoba, Argentina.
Se busca un patrocinador
rolando gabrielli
En esta subasta, en que se ha transformado la cultura, verdadero mercado persa o de las pulgas, no tenemos más remedio que competir con el show, el Mouline Rouge (Molino Rojo) de las palabras por piernas. La poesía es como el Can Can: no lo muestra todo. Más bien pantorrillas y muslos en ventolera, pero lo demás, como lo oye, para la fértil imaginación de quien exige una poética sugerente, resuelta en el paisaje íntimo de las palabras.
Las bataclanas muestran hoy más que ayer, y quizás mañana se hagan transparentes o invisibles. La poesía es una provinciana en estos menesteres de los desnudos, se sonroja con facilidad, porque su arte consiste en mostrar media pierna y no pasar de guiñar el ojo en el primer acto, que siempre será a solas entre la página y el lector. Todo lo que viene es pura complicidad. La palabra es más recatada, porque la belleza es más cuerpo que alma, cuando nos habla en vivo y en directo.
La cultura y la poesía se han transformado en verdaderas empleadas públicas, con salario mínimo, damas sin maquillaje a la hora del show, a la espera de un acto intrascendente, sólo para que el dueño del circo y de la imagen, reciban el Premio Municipal Minuto de Oro a la protección cultural a punto de extinguirse.
¿Qué es más sabroso, leer el Quijote de la Mancha o comerse un Mc Donalds? ¿Ir a los Bolos o una tarde con Hamlet, Alicia en el país de las Maravillas o El Principito? ¿La Divina Comedia, 20 Poemas de Amor y Una Canción Desesperada o una tarde de cerveza, humo y ruido? Para qué tantas preguntas, cuando sobran las imágenes.
La lectura rima con cultura y no siempre dura, pero de ninguna manera exige ni impone ataduras. El libro, si es verdadero, forma parte de los sueños y revive el pasado, lo hace presente y transforma el futuro. Suele envejecer con nosotros, a un lado de la cama, respirando sobre el tejido de sus propias aventuras.
A veces pienso que la palabra es un espejismo en los ojos de un ciego. ¿Eso fue lo que nos dijo Borges, a propósito de la lectura infinita, insaciable? No es una mala interrogante como para empezar a descubrir una obra, pero el motivo de esta nota es avanzar en el laberinto, -no importa cuántas puertas tocar o cuántas no se han de abrir- y encontrar un Patrocinador. Se busca un Lazarillo para Jorge Luis Borges o Jorge Luis Borges será su Lazarillo esta noche. Quizás algo más modesto: Los ciegos somos nosotros. Es un título un poco más interesante, se ve a simple vista.
Pero estamos en las mismas de antes: se busca un Patrocinador, al menos por una hora. No es la eternidad, desde luego, tema que ocupaba a Borges, pero es tiempo humano y mundano, como un zigzagueo en las manecillas de un reloj. No nos podremos bañar dos veces en la misma Conferencia, nos diría Heráclito. Aparentemente oscuro el acertijo del hombre de Efeso, pero a la vez, exacto.
Es una empresa sin coste económico, no hay pecunio, quizás un ligero coctel, me refiero a la Conferencia, y no al baño de Heráclito. Simbólico y sin coste alguno también, el río filosófico, no el turbio y contaminado. Para qué un Patrocinador, me inquiriría, el propio Georgi-así le decían desde niño a Borges- cuando yo dije: "No quiero ser el nombre de un andén. Sólo pido las dos fechas y el olvido". Además me fugué de Buenos Aires a Ginebra, poco antes de morir para que no empapelaran los muros de la ciudad porteña con mi rostro.
"Yo no existo, soy una superstición de ustedes", afirmaría en una ocasión, con la informalidad de la certeza y el dejo de la ironía, mezcla de nostalgia y estupor.
Le recomiendo, Gabrielli, mejor no meneallo, déjelo ahí, eso de tocar puertas es de ciegos, perdón de sordos, no abrirlas. A los 78 años de edad dije que me he convertido en un artista de varieté -por eso me hace gracia lo del Mouline Rouge- o en una botella de Coca Cola, porque la gente compra mis libros, pero no los lee. ¿Para qué los compra, para regalarlos? Supe, sigue Borges, que el expresidente Mennen, dijo que era un gran novelista. El es más fantástico que mis cuentos, porque nunca escribí una novela.
No se haga ilusiones, Che Gabrielli, -usted me está sonando a italiano-, con lo bien que me han tratado allí. A quién le va interesar un viejo poeta que envejeció en tantos espejos, que buscó en vano la mirada del mármol de las estatuas Oh destino el de Borges.
Si usted me pregunta que premio recuerdo con mayor agrado, le diría uno que obtuve con el segundo lugar con un cuento en la revista Play Boy, que me obsequió además una conejita. No sería Borges, si no le hablara así, pero Fíjese que Italia me hizo Commendatore, Caballero Gran Cruz, Gran Oficial, en Palermo, Sicilia, me obsequiaron una rosa de oro que pesa medio kilo, (yo que siempre he querido que una rosa se salve del olvido) y el editor, también italiano, Franco Maria Ricci, me entregó 84 libras esterlinas de oro, fechadas desde mi nacimiento en 1899, y una por cada año restante. Lo más importante es que Italia es uno de los países que mejor conoce mi obra. Sabe, Gabrielli, yo que no pude ser el Quijote, le recomiendo para salir de este laberinto borgeano, toque una última puerta para dar su Conferencia, ahí le entregarán un rosa en señal de que existí.
Autor: Rolando Gabrielli [+]
¡Me resulta todo tan Borgiano!
Primero aparece por aquí para hablar de Borges un buen amigo (cibernético), y mejor escritor, que dice que no le gusta Borges. A Miguel le recomendaría que se leyese mi post sobre Murakami, mi homenaje a Murakami, mis recelos frente a su técnica. ¡Qué sé que te gusta Murakami, Miguel!.
Y luego nada menos que el propio espíritu de Borges -digaa-amos que un tanto vulcanizado o liofilizado o desesperado- transmutado en un lúcido Rolando Gabrielli, magnífico, a la busca de un mecenas renacentista, sabiendo como sabe el tipo que los Borgia de la época actual están más interesados en los vaivenes del índice Dow Jones que en encontrar genios en Urbino y el clero eclesial se muestra más proclive a las mañas políticas que a la política de las artes. No sé, Rolando pero me parece que cómo no nos patrocine ¡Paris Hilton! tú y yo lo vamos a llevar crudo. Contentémonos de momento con darle otra repasadita a "Bomarzo".
Un abrazo para ambos y gracias por escribirme. Son ustedes geniales.
Julian Bluff
caray, no se aburre usted no...y después nosotras nos llevamos la fama de marujas y chismosas...anda que, el señor borges se partiría el culo de la risa de saberse objeto de tan pasionales deseos...muy chulo el poema y reeelargo y genial el escrito...
ponga usted esa ansia y esa pasión en regar su vida y florecerá tanto que el propio borges se levantará de la tumba verde de envidia a darle una colleja
un beso, le has regalado ya flores?
por cierto, menudo palabro celibato...sinónimo de catalépsia...
Mi dulce Sarah
Soy un hombre perfecto en casi todo menos en lo de las flores. Modestia aparte. Je, je...
"Pero ese es un fallo... taaaan enorme, taaaan imperdonable". Sé que estarán pensando muchas -casi todas- entre ustedes.
Prometo propósito de enmienda. Y te regalo aquí sentidamente una orquidea virtual. Y para mi amante carnal habrá muy pronto un ramo de rosas de verdad. Que huelan es ya otro cantar.
Por cierto... ejem... no habrás escrito tú el post, querida, suplantando a Sarah... ejem... no... espero que no. ¿No es verdad?.
Besos para las dos. Julian
Borges y Neruda, marcas registradas
rolando gabrielli
Jorge Luis Borges y Pablo Neruda son dos íconos indiscutibles de la literatura castellana, más allá de sus fronteras sureñas y de sus propios deseos. Quizás los más controversiales escritores latinoamericanos de su siglo, han entrado al dorado mundo del marketing, desde el más allá, cuando ya cruzaron el último pasillo. Borges, un escritor de culto, que huyó poco antes de morir, de Buenos Aires para que no empapelaran con su efigie los muros de su cantada, mítica ciudad, se convirtió de la noche a la mañana en una franquicia.
El autor de Ficciones, El Aleph, El Hacedor, disputará a Maradona y Gardel el sitial de la fama mundana, cotidiana, de pasarela, y durante dos años, con el consentimiento de su viuda y las ganancias respectivas, Maria Kodama, conoceremos los productos Borges, una nu eva imagen del ficcionador ficcionado y de Argentina.
Debe estar riéndose Borges, que nunca supo si lo era o no, y esta vez dirá, ese es otro Borges, el que dejé en la tierra para que se entretuvieran.
Son un espectáculo, diría, es lo que son, y no me extrañan que un día me presenten en la Bombonera con la camiseta del Boca Juniors y yo que nunca di bola con la de cuero, la sentí como una perdida de la masa encefálica.
Pablo Neruda, el mito gravitante chileno, el poeta de la materia será convertido también en marca registrada y hay quienes lo han propuesto para Aeropuerto Internacional, como si su poesía no tuviera alas propias.
El vate de Isla Negra, representaría como producto chileno la V Región, el Puerto de Valparaíso y el balneario del Fe stival de la canción, Viña del Mar. Pareciera ser que el hermoso Sur de Chile, donde Neruda escribió su primera y lluviosa, nostálgica, amorosa poesía, se vende sólo y no requiere allá de su presencia.
En el Puerto de Valparaíso, Neruda construyó una de sus tres casas hoy museo y escribió varios libros de los más importantes, además vivió largos períodos. De la aristocrática Viña del Mar no hay grandes huellas nerudianas, pero su imagen no le viene mal.
El poeta fue generoso en vida y no vemos por que su aureola no pueda tocar a la turística ciudad jardín de la Bombal.
Afortunadamente la obra de ambos autores resiste y resistirá los tiempos. No me imagino aún la palabra Neruda en la camiseta del Colo Colo, aunque Colo Colo es Chile de Arica a Magallanes. Y menos, a Borges, en la del Boca Juniors, un equipo grandioso, sin duda, pero no figuraba en los pasatiempos ni pensamientos borgeanos.
Dicen que la franquicia Borges lleva un componente de literatura y que se dará a conocer más la obra elitista, de uno de los grandes ficcionadores del siglo XX.
Si ganará la literatura o la vanidad del mercado, no lo sabemos.
Neruda aventuró una frase profética antes de partir: Cuando muera, me publicarán hasta mis calcetines. Neruda tiene la ventaja y su marca, que es un poeta popular desde muy joven y un best seller de larga duración.
Borges y Neruda no caminaron por la misma senda, diría yo, por la vereda de enfrente de la vida. Y sin embargo, entrar on a la literatura por la puerta universal.
Julián, amigo...
Es un gusto leer los comentarios que te dejan y gracias por algún que otro elogio que me das, pero Borges sigue sin gustarme jajajajaja.
Murakami... lo empecé a leer en el 2008 y me sentí tan identificado con su escritura porque es un tanto parecida a la que yo hago... aunque yo cierro los finales, como puedo jajaja... y tal vez fantaseo menos y voy más directo a lo real. Leí tú post sobre Murakami, así conocí tú blog, y me pareció muy bueno.
Hoy... por primera vez y por recomendación de una fanática he comprado mi primer libro de Albert Camus, "El extranjero", nunca leí nada de él, será mi primera novela leída escrita por él, aunque ya leí algunos párrafos de varios de sus libros y me ha encantado.
Escribir... es como estar en telepatía constante con un algo que te dicta lo que fluye por tú mente. Leer... un placer que sin lugar a dudas permite al yo interior divagar cómodamente por lugares imaginados por otra mente.
Muy buena la crítica en tú blog, tanto la de Rolando como la de la dulce Sarah.
Abrazo.
Los grandes poetas son grandes cocineros en el horno sagrafo y leve de la poesìa. Circula ahora un poema, que no es de Neruda, pero Internet lo ha convertido en un clàsico. Antes fue con uno de Borges, que nuncaescribiò y otro texto de Garcìa Màrquez. Asì es la leyenda d eos clàiscos. Quièn habrà escrito la segunda parte del Quijote? Què irreverencia!!!! La literatura es pura ficciòn y realidad....Cocinemos con los clàsicos, entonces....
http://rolandogabrielli.blogspot.com/
COCINANDO CON LOS CLÁSICOS, LA POESIA
Ingredientes Nerudianos
Desde Panamá, Rolando Gabrielli
El gran cocinero de la materia, de los frutos de la tierra y el mar, esperanzas y luchas del hombre, fue Pablo Neruda. Otro tiempo, otra historia, otros vientos soplaron el fogón de su poesía. Cocimiento de greda, palabra Sur, seducción de los aromas, mosto de soleados viñedos, secreta rosa de una colgante luna. El poeta comenzó con las cerezas pálidas, juveniles en los muelles del alba, sus canciones desesperadas como aromos en flor. A fuego lento, sobre la superficie del pequeño horizonte de la ventana del atardecer crepuscular de Maruri, el poema se hizo carne deseada. Rangún, el fruto de la soledad, la gran materia de la poesía, su desvencijada textura, la carroza rosa del atardecer.
Yo creo en la cacería del tulipán negro. La rosa inválida de la noche, sus rotas espinas. Menú de mar revuelto la espuma del cochayuyo, de patios desolados en la luz mínima de sus himnos, la Carta del poeta bajo los hongos de la muerte. Fueron amores y residencias, ciegos relojes, campanarios. Fue nerudiano el ombligo de la poesía, caracol, alba, Sur, trenes, naufragios, astros a lo lejos y vino España muerta, degollada, lorquiana. De los hongos muertos de sus muñones alzados en las Plazas de Toros, crecieron banderas rojas: fue fugitivo el poeta, su canto atravezó América y sería otro el cocimiento de su caldo.
América en América, la honda huella y la semilla de lo nuevo aún volando. Maíz de Norte a Sur, alimento ancestral. Sol amarillo de la tierra, sagrado, maíz de la vida de frontera a frontera.
Con su fuego sagrado, invierno de copihues, entró en la madera, en el corazón de las pequeñas cosas. El poeta trató la materia como algo único, personal, íntimo y de todos. Neruda nos sentó a la mesa de su poesía. Fiesta de la palabra y de la vida. Hizo fiesta también con los elementos esenciales de una buena cocina poética. Lo elemental, como sus Odas, el día a día. Redonda rosa de agua, así bautizó a la ejemplar, útil, irreemplazable cebolla, el Vate de Isla Negra. En Chile, nadie ignora este maravilloso bulbo si quiere encontrar un punto de sabor a su comida o guiso. La cebolla se multiplica en afectos culinarios y Neruda le reconoce su fecundo amor e influencia en la ensalada. Tan popular la cebolla, que el poeta la llama estrella de los pobres, por su mágica esencia. Él degustaba los platos de su inagotable Verbo, frutos del mar y de la tierra, que Chile los tiene en abundancia y calidad.
Degustaba el caviar ruso Neruda en unos grandes potes a cucharadas, dicen sus biógrafos más cercanos. Lo primero que visitaba en un país eran sus mercados, donde recogía el sabor de la ciudad y se perdía entre los objetos que le fascinaban. Su poesía da cuenta de su universo viajero, percepción real, material, de la vida. Creía en una poesía basada en la solidaridad del hombre, abandonado en la esclavitud de otros hombres en Nuestra América. Y la Casa americana de la poesía debía ser diferente, porque estaba impregnada por la nieve y el sol abrasador. Ingredientes vitales, en su opinión, de la poesía que él escribía donde se encontrara y viviera, porque no variaban sus puntos cardinales, ni los de su Verbo Sur. En su Oda al caldillo de congrio , el autor de Residencia en La Tierra, nos entrega no sólo una receta espléndida, sino el fruto de su cocina poética. Comulga la poesía nerudiana, con una de las dos grandes fronteras de Chile, el mar, que es parte viva del espíritu de su gente, de Norte a Sur, pero sus materiales responden a la geografía física y humana de esa loca geografía. Con las piedras de Chile, la esperanza, alegría, el sufrimiento y los sueños de los pobres, el desierto, los pájaros, árboles, la naturaleza humana y geográfica sin excepción, Neruda cocina su cantar de Chile, América y universal. Llena la copa vacía una y mil veces, brinda por la vida. Dijo que quiso ser el poeta del amor.
Neruda escribió hasta después de muerto sobre la vida y se siguió viviendo. Su poesía alabada y criticada, permanece en el corazón del lector anónimo en tiempos en que la prosa banal se apodera de los escaparates del espíritu. Siento que un corazón digital titila a lo lejos....
ODA AL CALDILLO DE CONGRIO
EN el mar tormentoso de Chile vive el rosado congrio, gigante anguila de nevada carne. Y en las ollas chilenas, en la costa, nació el caldillo grávido y suculento, provechoso. Lleven a la cocina el congrio desollado, su piel manchada cede como un guante y al descubierto queda entoncesel racimo del mar, el congrio tierno reluce ya desnudo, preparado para nuestro apetito. Ahora recoges ajos, acaricia primero ese marfil precioso, huele su fragancia iracunda, entonces deja el ajo picado caer con la cebolla y el tomate hasta que la cebolla tenga color de oro. Mientras tanto se cuecen con el vapor los regios camarones marinos y cuando ya llegaron a su punto, cuando cuajó el sabor en una salsa formada por el jugo del océano y por el agua claraque desprendió la luz de la cebolla, entonces que entre el congrio y se sumerja en gloria, que en la olla se aceite, se contraiga y se impregne. Ya sólo es necesario dejar en el manjar caer la crema como una rosa espesa, y al fuego lentamente entregar el tesoro hasta que en el caldillo se calienten las esencias de Chile, y a la mesa lleguen recién casados los sabores del mar y de la tierra para que en ese plato tú conozcas el cielo.
ODA AL SECRETO AMOR
Tú sabes que adivinan el misterio: me ven, nos ven, y nada se ha dicho, ni tus ojos, ni tu voz, ni tu pelo, ni tu amor han hablado, y lo saben de pronto, sin saberlolo saben: me despido y camino hacia otro lado y saben que me esperas. Alegre vivo y canto y sueño, seguro de mí mismo, y conocen, de algún modo, que tú eres mi alegría. Ven através del pantalón oscuro las llaves de tu puerta, las llaves del papel, de la lunaen los jazmines, el canto en la cascada. Tú, sin abrir la boca, desbocada, tú, cerrando los ojos, cristalina, tú, custodiando entre las hojas negras una paloma roja, el vuelode un escondido corazón, y entonces una sílaba, una gota del cielo, un sonido suave de sombra y polen en la oreja, y todos lo saben, amor mío, circula entre los hombres, en las librerías, junto a las mujeres, cercadel mercado rueda el anillo de nuestro secreto amor secreto. Déjalo que se vaya rodando por las calles, que asuste a los retratos,a los muros, que vaya y vuelva y salga con las nuevas legumbres del mercado, tiene tierra, raíces, y arriba una amapola, tu boca: una amapola. Todo nuestro secreto, nuestra clave, palabra oculta , sombra, murmullo, eso que alguien dijo cuando no estábamos presentes, es sólo una amapola, una amapola. Amor, amor, amor, oh flor secreta, llama invisible, clara quemadura!
Cocinando con Borges, la Poesía, en Harvard
Rolando Gabrielli©2006
Jorge Luis Borges, argentino, porteño, bilingüe, ficcionador de vicio, adquirió fama repentina con su libro de poesía El Hacedor(1960). Compartió con Samuel Bekett el emblemático premio Formentor y a partir de allí, JLB adquirió ciudadanía de escritor universalmente reconocido. Ya viajaba insomne en las tinieblas de su ceguera, visitado por sueños borgeanos en su eterno laberinto bonaerense de paisajes amarillos y grises.
El célebre y cáustico autor de Ficciones y El Aleph , bibliotecario de un Dios ciego, corrigió de viejo sus tres primeros libros de poesía y teorizó sobre este género en su Arte Poética , conversación que realizó en la Universidad de Harvard. Ya frisaba los setenta años, cuando entró a esa prestigiosa sacra bóveda del saber norteamericano, y con la paciencia de un Lord inglés dictaría, más bien conversaría unas muy cuidadosas conferencias aparentemente espontáneas, en un monólogo sencillo, sobre sus perplejidades poéticas y literarias.
Borges venía de muchas vueltas por sus laberintos que se bifurcaban en distintos caminos y el buscaba donde todo y nada se encuentra. Quien camina a tientas por Buenos Aires, adivina el parpadeo de sus calles en la memoria del tiempo, sólo ofrece a su audiencia sus dudas después de medio siglo de literatura. Borges comenzó a cocinar en Harvard su poesía con placer, modestia y sabiduría. En la primera de sus seis conferencias, titulada: El enigma de la poesía , del cual advierte desconocer, asegura que la poesía nos acecha a la vuelta de la esquina y puede surgir ante nosotros en cualquier momento. “La vida está, estoy seguro. hecha de poesía”, sentencia el poeta porteño que hablaba no sólo inglés, sino francés y alemán, idiomas en los que hacía traducciones.
La poesía, el lenguaje, recordó Borges, no sólo era un medio para la comunicación, sino que podía ser una pasión y un placer. El Arte, sucede, citó al norteamericano Whistler y agregó: cada vez que leemos un poema. JLB se definía asimismo como un poeta más que un narrador. ¿Era otro Borges, o el mismo que no siempre sabía quien era?
La edición española de estas conferencias borgeanas es de la Editorial Crítica de Barcelona y llegó a mis manos por la generosidad de la Embajada de España en Panamá, a través de su Agregado Cultural, Cristian Font, y en su prólogo suscrito por Pere Gimferrer, reconoce la humildad y sencillez de este Borges sin máscara. Una voz espontánea con una improvisación no tan calculada quizás, como un viejo metafísico lanza sus creencias, dudas, perplejidades y certezas. Resuelve sus interrogantes con otras tal vez y nos dice de paso que los grandes maestros de la humanidad no fueron escritores, sino oradores como Cristo, Buda, Pitágoras y Sócrates.
En un recorrido histórico, precisa que “los griegos no hicieron demasiado uso de los libros”.
Y continúa con su charla en al ciega expresión del tiempo, bajo el mando de su bastón, asombrándonos con sus opiniones sobre el peregrinaje de los libros desde Oriente y sobre las Sagradas Escrituras, a quien llamaron el “hombre libro”, aunque subraya que no cree que un libro sea objeto verdaderamente inmortal para ser venerado. Para Borges, un libro es una ocasión para la belleza.
Las referencias a la literatura anglosajona en estas seis conferencias en búsqueda de sus lectores, se constata al paso de cada página.
Estaba ante un público de habla inglesa, una lengua que heredó de su abuela y que nunca abandonaría en sus lecturas.
Vemos en estas páginas de sus conferencias a un Borges discípulo y que comentaremos individualmente en este febrero mágico. El viejo Borges erudito, sin duda, más al alcance de la mano de su auditorio y ahora lectores circunstanciales. Él se sentía más lector que escritor y apostaba a los lectores. Lo demuestra a cado paso en sus comentarios cuando hurga en la poesía del pasado y descubre que algunos versos se degradan con el tiempo y otros en que el tiempo enriquecía los versos.
“Sabemos qué es la poesía. Lo sabemos tan bien que no podemos definirla con otras palabras, como somos incapaces de definir el sabor del café, el color rojo o amarillo o el significado de la ira, el amor, el odio, el amanecer, el atardecer o el amor por nuestro país. Todo el mundo sabe donde encontrar la poesía y cuando aparece, uno siente el roce de la poesía, ese especial estremecimiento”. Borges habla en las próximas conferencias, como el mismo anuncia en su primer encuentro “torpe y titubeante”, sobre la metáfora, la música de las palabras, la posibilidad o imposibilidad de la traducción poética, sobre el arte de contar historia, es decir, la poesía épica, la más antigua y esforzada quizás, apunta, tipo de poesía. Acabaré, advierte, con una conferencia llamada Credo de Poeta , en al que intentaré justificar mi propia vida y La confianza en que algunos de ustedes puedan depositar en mí.
COCINANDO LA POESIA EN PANAMÁ
ROLANDO GABRIELLI
La receta del poema es tan antigua como la palabra la vida, y su enigma está en el lector porque no sabemos como traducirá el texto para su propia experiencia placer, lo que (nos) quiso decir y dijo finalmente el poeta.
Un poema vela y se revela en la palabra, y el lector levanta el velo en la penumbra, donde el texto lo ha instalado solitaria y soberanamente.
Se cocina a solas, con todos los ingredientes que decanta el poeta, cuyo aroma debe percibir y traducir el lector de acuerdo con la capacidad e interés de sus sentidos.
Dos cocimientos para un mismo poema: el del oficio y la lectura informal de quien ignora quien lo escribió y conoce algunos rasgos biográficos y su obra, tal vez fragmentariamente.
Es un acto privado y seguirá siéndolo aunque pase de mano en mano y de ojo en ojo.
Un poema siempre tiene una historia detrás de las palabras y la que construye quien lo lee en el tiempo inaugural y anónimo.
Hay poemas cerezas, crudos, peces de largos ríos, textos de metal madera, agua, construidos sobre el aire, panes de un horno, transparentes, oscuros, volátiles, terrenales o que sólo son señales.
El poema surge abrupto detrás de la palabra o viene del fondo de la memoria. Siempre es atmósfera, deseo y conmoción.
El poema roba el fuego a los dioses para todos sus lectores. Es luz de su sombra, doble corazón de su fruto, una razón desconocida a punto de ser develada.
El poema ama el vientre de la palabra, su hondo silencio, es latido, fruto, nunca cáscara.
Oh liviano muro
Oh pesado silencio
Todo regresa tiempo
Yo soy muro
Yo soy silencio
Soy tu mismo río
muro liviano
pesado silencio. © 2006
Me gusta mucho Borges, pero me falta algo para considerarme borgiano, porque, matizo: me gusta el Borges prosista, el Borges erudito, el Borges ensayista, el prologuista y el cuentista, pero no me gusta su poesía, que veo roma y chata. Y echo de menos que nunca se midiera con una novela, aunque el se defendía diciendo que detestaba a los que escribían vastos libros para luego asegurar que adoraba el Quijote. También me gusta su ciudad favorita, que noe s Buenos Aires, sino Ginebra y detesto los espejos y la procreación (no sus métodos, en fin), ly me gustan los tigres y los laberintos y tengo un Alef en mi sótano
Un abrazo
Y yo dos, Lansky. Uno en cadaretrete porque no tengo sótano.
Ahora en serio... ¡que bueno de verte de nuevo entre nosotros de vuelta de alguna de tus maravillosas expediciones o de tu refugio abulense!.
Te habrá fijado lo mucho que el texto tiene de tributario (¿plagio?) a mi tocayo el Barnes.
Ahora ya sólo queda que our dear John (Juan Malherido) se ponga otra vez a repartir cera -últimamente estaba el tío de lo más ocurrente- y estaremos tode de nuevo en la red ¡¡¡¡Venbrugh, ven Vanbrugh!!!.
Besos para todos.
Yo trabajo en un sòtano de arquitectos, laberìntico, de dos pisos, con un largo pasillo de grandes baldosas nefras como un trabkero de ajedrez recortado...y decenas de computadoras y techos blancos como carpas...y prima el negro y las luces...y allì se erigen los rascacielos de ciudad de Panamà....Borges cultivò su mito como pocos, ironizò, se burlò, dictò càtedra erudita casi en silencio, odio a Onetti, neruda y tantos otros dentro y fuera de Argentina, amaba Buenos Aires pero se fue a morir a Ginebra porque no que que tapizaran las paredes de la bella Baires con su retrato y se casò como una última boutade en Paraguay.
En rique Lihn, poeta chileno, dijo que la poesìa de Borges no cambiò nada, como la de Neruda, Parra y darìo, no revolucionò la poesìa, en verdad, fue un poeta que no arriesgò. Gran cuentista y ensayista, crìtico ademàs, pero sobre todo: Lector. Arbitrario como pocos, indiferente, conservador, olviaddizo, desmemoriado el memorioso Borges con la Realidad, siempre el Otro en el Otro....Borges no podìa dejar de ser Borges porque los espejos lo multiplicarìan por mil.......Cada quien con su Borges....De Borges hay mucho màs, ya evràn, serìa para una novela..No leyo 100 años de Soledad, detestaba a Garcìa Màrquez....Se leyò demasiado asimìsmo hasta que llegò a parecerse....y por eso, volvìa a corregir sus libros hasta el final....Confudiò a sus antepasados militares con las juntas castrences que destrozaron Argentina...Pero què harìamos sin Borges??????
Si tú me dices "ven", Julián, lo dejo todo. Heme aquí. La verdad es que siempre he tenido con Borges una relación extraña. Lo leí en la adolescencia con devoción y deslumbramiento. Me parecía que era así, exactamente, como había que escribir. Luego leí más cosas y tomé distancia. Siguió y sigue pareciéndome magnífico, pero algo así como que a veces me cargara tanta precisión, tanta frialdad, tanta distancia, tanta erudición, tanto espejo, tanta biblioteca, tanto laberinto, tanto ajedrez, tanto cuento breve, tan poca novela, tan poca cercanía emocional con los personajes ni con el lector. Echo de menos algo de calor humano, algo de improvisación, algo de espontaneidad. Y el personaje Borges, ignoro por qué, me resulta repelente. Es totalmente irracional e inexplicable, no tiene nada que ver con que no me gusten sus ideas políticas o sus corbatas. Tan indefendible que creo que es la primera vez que me animo a confesarlo, no ya en público sino siquiera a mí mismo. Me gusta mucho Borges, valga decir que disfruto enormemente leyéndole, pero me cae gordo. Para ser exactos, me da repelús. Mi simpatía igualmente irracional hacia todo lo argentino no funciona con él. Es una especie de rechazo "físico" que probablemente tiene más que ver con sus zapatos lustrados, el gesto de su boca y su dominio del sajón antiguo que con nada de lo que haya escrito que, insisto, me gusta mucho. Hasta su poesía, que no es tal, a mi juicio, sino una excelente prosa medida y rimada, me gusta. Pero él, ay, no.
La caricatura de Marchese, como todas las suyas, buenísima.
Olvidé decirlo: sospecho que el cuarto del fondo de mi casa, donde van sedimentando todos los objetos que nunca usamos pero de los que no nos resolvemos a deshacernos, tiene un aleph en la esquina más inaccesible, la de la derecha de la ventana de la terracita. A menos que lo hayamos dado con la última entrega de ropa fuera de uso...
A la hora de juzgar la valía de un arista intento distinguir siempre su obra de su ideario y, por supuesto, de su físico. Y así lo has defendido tú también en la jinternes siempre que has tenido ocasión, ahora que se ve que en eso has cambiado, so pena que valores m´´as estéticamente las posaderas de Prada al belfo de Borges. Y no, no deberías haberlo hecho. Juzgar la obra de una artista por aspectos físicos o de atrezzo de su persona constituye -a mi juicio- un error.
Salvedad: aquellos casos en que el tío o la tía se lo vaya buscando
¡.....esos rídiculos posados de nuestros novelistas en las contraportadas de los libros con Mari Pau Janer o Lóriga -valga el ejemplo- poniendo cara de "guapa/o"!. Tanto, tantísimo ambicionan, no sólo ganar el Planeta, sino además que nos los queramos follar sus lectores, que, luego, que no les extrañe que si lo que escriben es una puta mierda, se lo digamos.
¡Ojo!. A Villena sí que le permito que busque desesperadamente su apolineidad en las aphotos. ¡Pero es qué a Villena se lo perdono todo! ¡es tan friqui, el missieu!.
bluff (más bluff que nunca)
Bien puesto por escrito, Vanbrugh. Cómo concuerdo contigo, ladrón. De ahí que su poesía, tan fría, valga poco.
Te sugiero una posibilidad para ese "repelús" (que es el mío también, no lo olvides): hay gentes a las que les repelen las culebras porque son frías, pero...se mueven. Borges es una culebra emocional, un tipo de sangre fría que no es la sangre fría del hérore sino del displicente, del enemigo de lo humano, del que se lava las manos después de darte la suya, del que ama más los libros y los gatos que a los amigos o la mujer, del que no se hacía pajas a su tiempo, de aquel que le falta sangre, sudor, semen y lágrimas, porque la humedad de lo humano es su verdadera humanidad y no el esqueleto ni el talento.
Si quieres atrapar el alef de tu armario ponle un platito de leche y unas sonatas de mozart...
Hablando de Villena, por el que yo también siento debilidad, su último libro: "Biblioteca de clásicos para uso de modernos" es una delicia donde la erudición no es pedante sino gozosa. Absolutly recomendable
Lansky
Me lo compro hoy mismo que estoy de permiso. Pa' La Central que salgo pitando. Ya te contaré. Y si me gusta hasta es posible que haga post.
Por cierto ¡menuda decepción la novela de Wiesenthal al lado de sus memorables ensayos!.
Os dejo, corazones!!!.
No he cambiado, Julián. Yo también distingo la obra de Borges -de la que bien claro digo que me gusta, aunque le ponga peros, como a cualquier otra excepto la de Bach (genuflexión)- del individuo Borges, que es quien no es que no me guste de un modo racional y explicable, sino que me produce exactamente esa repulsión instintiva y física que me alivia saber que Lanski comparte y que, además, describe estupendamente. Justo, es esa sensación, que sospechas ya al ver su gesto y confirmas al leer, por ejemplo, su cuidada adjetivación, de que "ama más a sus libros y a sus gatos que a sus amigos o a su mujer".
Pero al decir eso no estoy "juzgando su obra por el aspecto físico o el atrezzo de la persona" del autor, cosa que, efectivamente, sería un error. Estoy complementando el juicio que me merece la obra con la impresión que me produce el autor, lo que no solo no tiene nada que ver, sino que está muy bien.
ya que estamos en temas..para autores ...los colores....JLB hizo su trabajo..el rigor...il ostinato rigor..ese es Borges..la Biblioteca sin ojos....y desde luego su personalidad de grillo solitario y sarcástico...muy argentino..pero es uno de los grandes...a los 60 años se conociò su obra por un premio con su libro El Hacedor.....Como poeta no es trasgresor..es cierto..es un "clàsico"....pero tiene grandes poemas....hay que leer a Borges como asimismo....
Aquì va un tema de literatura ya que aparecen otros nombres..pero creo que hay uno mas interesante y que le hubiese gustado a Borges...RB.....
Pero volverè sobre Borges con picas en Flandes....
lEl fantasma de Bolaño
Buenos Aires, mi muñeca
de acero y piel,
río fiel a tus palabras,
Babel, este cristal nos mira
repite y borra en tu memoria
(R.G.)
El libro está de fiesta en Buenos Aires, capital de los ayeres, presentes y futuros. Así la nombro y refundo en mis palabras. La 34 Feria Internacional de libro de Buenos Aires, tiene nombre: El espacio del Lector. Día y lugar: del 24 de abril al 12 de mayo en La Rural, Predio Federal de Buenos Aires. Arranca un día después de la conmemoración de la muerte de Cervantes y Shakespeare, iconos del idioma castellano e inglés, que cada año se recuerdan con la celebración del Día Mundial del Libro. Ricardo Piglia, autor de Plata quemada, reconocido narrador, crítico y profesor universitario argentino en Estados Unidos, abrirá el magno evento, con un diálogo sobre el libro como espacio del lector. Confía en que su discurso tendrá una lectura y audiencia crítica, más bien polémica, dijo, y antes de abrir fuego, se mostró partidario de rescatar el foro latinoamericano como un espacio nuestro y no depender de España. Denunció además que la Academia Norteamericana ha creado una unificación latinoamericana que no es real.
El libro, la literatura serán noticia en Buenos Aires, y ambos estarán en el centro del debate. El espacio del lector tendrá conferencias internacionales durante cinco días (30 abril, 1, 8, 9, 10 de mayo), con autores argentinos, de Grecia y Colombia.
Las ferias siempre tienen estrellas invitadas, en este caso: el norteamericano Paul Auster, el cantautor catalán Joan Manuel Serrat, el ensayista mexicano Carlos Monsiváis y la escritora china, prohibida en su país, Wei Fui, encabezan el listado de “famosos”.
Chile invitó a Roberto Bolaño. Ya hablaremos de eso.
Buenos Aires es una ciudad novelada, poetizada, visitada, un marco excepcional para el diálogo y la palabra, el encuentro tiene cuerpo y ángel, los pasos de Borges y Cortázar aún resuenan en la memoria. La Reina del Plata siempre ha tenido quien le escriba. Adán Buenosayres diría, etc., la ciudad que se ha dejado, dejó y aun, todavía, como dijera César Vallejo en cholo.
¿Qué dirá Piglia? ¿Que el libro se reinventa en el lector? ¿Que el mercado es una aspiradora de sueños? ¿Que el espacio del lector está ocupado por el fantasma del mercado real que se ficciona en los best-sellers de turno? ¿El lector tiene espacio o vive en una jaula sin libros? ¿El lector se siente asaltado por la imagen, desde la primitiva TV hasta los juegos electrónicos y el menú infinito de Internet? ¿El espacio del lector no estará dentro del lector mismo? ¿El espacio del lector está ocupado por el basurero del mercado? ¿Qué nos dirá Piglia para espantar el espanto?
Siempre ha habido un público secreto para grandes autores “olvidados”, de culto, alejados de la primicia del día a día, como Arlt, Marechal, Borges, Macedonio Fernández, Juan Carlos Onetti y ahora Roberto Bolaño.
¿Qué papel le asignará Piglia en su partitura a la poesía? Él, un admirador de Neruda y Parra. (Neruda ha hecho estragos entre muchos narradores latinoamericanos y Parra es esencial para pensar una poética de la prosa en lengua española. Piglia)
Los lectores, algunos, van por su propio carril, son los verdaderos detectives de la novela, siguen pistas, se adentran en sus laberintos y hurgan con la yema de sus dedos. Algo dice en algún sentido Piglia, que los críticos son los ficcionadores y detectives, en estas pesquisas de averiguar qué nos dice el texto y que muchas veces ven lo que otros no ven o ven demasiado, más allá de lo que el autor dijo o quiso decir. El novelista norteamericano Philip Roth ha señalado recientemente que las pantallas ganaron la batalla. Aún quedan buenos lectores, advirtió, pero en Estados Unidos, no. Rotundo, claro, preciso.
Buenos Aires tiene la oportunidad de devolver el espacio al lector, oxigenarlo, rescatarlo, estremecerlo con obras verdaderas, un nuevo lenguaje que lo incorpore y vuelva a acercar a la orilla profunda, el corazón del libro. La ciudad como una gran pista para un lector con olfato, alejado de las guías banales de críticos, libreros, televisoras, editoriales, padrinos del negocio, la cosa nostra de la palabra. Cosa nuestra es la literatura, la poesía profunda como un río que recorre la capital porteña, sin fin, por ese camino de compromiso propio de la literatura con la vida. Buenos Aires no necesita un Piglia Batman, ni Guasón, menos Superman, un professor más bien distraído que pierde sus gafas en la biblioteca donde trabajó Borges para mirar ciegamente la palabra, re-vivirla desde las cenizas, con el autor de El Aleph. ¿Un Piglia como Sherlock Holmes, Hercules Poirot, Maigret, Phillip Marlowe o Maqroll el gaviero? ¿O un verdadero Detective salvaje? James Bond nunca, porque nada sabe de libros. Dejemos que el professor Piglia arme sus papeles con la paciencia de un monje medieval, pero sin su oscuridad. Ver donde vio Borges.
¿Leer o no leer, esa no es la cuestión? El libro tiene un espacio propio, que es el propio lector. El libro queda indefenso después de ser escrito. Está a merced de una larga cadena casi autista, cuyo interés esencial es el mercado y no necesariamente el lector. Una paradoja, porque el libro vive del lector, y el lector debiera vivir con el libro. El espacio del libro es palpable (papel real), tocable, se puede trasladar a cualquier otro espacio, dejar pendiente, permite acercarlo físicamente una, un millón de veces, recorrerlo de atrás hacia adelante y viceversa con mucha facilidad (familiaridad) consultarlo entre varios en una mesa de lectura.
El gran espacio de la red Internet es otra cosa, y aún muy discutible desde el punto de vista de la calidad de los textos, certeza de las orientaciones, hallazgos de literatura o poesía nueva. Más bien se trata, sin negar su importancia, de un remolcador de información, una gran vitrina movilizadora de opiniones de paso, una fuente del deseo, un aparato para interactuar, un gran correo global, instantáneo, irremplazable, el más vasto monólogo digital, el paraíso del spam, un gigantesco libro digital de autoayuda. El tejido de la red no tiene punta, inicio ni fin, porque a cada segundo surgen millones de apuestas en distintas direcciones. La red no es selectiva, atrapa peces grandes, sardinas, desechos, latas, botellas de plástico, pequeñas flores, gestos, guiños, señales, latidos, palpitaciones y mucha basura, spam, spam, spam, un 71 por ciento de los mensajes, de acuerdo con Symantec (Norton). La eclosión tecnológica no es un fantasma, es una realidad que ha puesto la lengua, el idioma “patas p’arriba”. Es innegable la fuerza de la tecnología en los jóvenes conectados a la venoclisis de los chats y uso intermitente de los celulares con pequeños textos. Es una comunicación bastante visceral, sin urgencia, pero fundamental para quien la ejerce aunque sea a la velocidad del guiño o del gesto. Las palabras respiran como pueden. Es el nuevo estatus de la banalidad.
80 por ciento del spam se redacta en inglés y un 42 por ciento proviene de Estados Unidos. ¿Cuánto tiempo se invierte cubriéndose de un spam, que podría dedicarse a la lectura de un libro?
El libro se convierte en un spam cuando la recomendación del crítico, de la editorial, va por el camino equivocado. El spam surge en el momento en que la editorial publica un libro spam. Hay spam de todos los tamaños y para todos los gustos. Existe el spam best-seller, muy aceptado y bien recomendado. Es como comprarse el automóvil de moda. Lucirlo es indispensable. Lo importante es poseerlo.
Las interrogantes son muchas: ¿Existe el lector como lo concebíamos hace cinco o 10 años atrás? ¿Debemos ir en búsqueda del lector perdido o de un nuevo lector? ¿Cuál es la lectura de la nueva realidad? ¿La TV y los juegos digitales, ganaron la mente de un potencial lector? ¿Qué puede atraer a un lector en un montón de papel relleno de letras? ¿La lectura es aventura, pasatiempo, educación, reflexión? Placer, professor, pregúntele a Borges acariciando los lomos en sueños, levitando por Buenos Aires abrazo a la Enciclopedia Británica. Borges se reescribe y Buenos Aires se refunda. Dos gotas de un mismo río. ¿Heráclito volverá a bañar la ciudad con las nuevas lecturas, una y mil veces?
No se interrogará esta vez en la city porteña si la novela ha muerto, sino, si el Lector murió por ausencia de sí mismo o fue digitalizado su espíritu de aventurero. Son otros tiempos, la lectura básica actual es el celular. Cualquier pantalla donde algo se mueva. ¿Por ahí se disparará la nueva literatura? Hay quienes sostienen que ya la novela como se concebía en el siglo XIX e inclusive de mediados del XX, o antes, simplemente, no existe. ¿Cervantes, Joyce, Dostoievski, Stendhal, Tolstoi, Proust, Faulkner? ¿La gran novela es un cadáver exquisito? Borges no escribió novela alguna y detestaba el género, lo consideraba inferior. Prefirió caminar a tientas desde la orilla empujado por su bastón ciego que le dio tantas satisfacciones y le condujo a la gloria definitivamente, que decía detestar. El Borges que conocemos y amamos, afortunadamente está en Buenos Aires, y lo de sus dos fechas en Ginebra, es meramente geográfico, referencial, un dato al final de su vida, un paso triunfal hacia la retórica borgeana.
Lectores del mundo: uníos. ¿Un lema de Piglia? No sabemos. Ya no se siembran libros, se talan árboles.
Chile presentará en un foro, en el marco de la feria porteña, a Roberto Bolaño, estrella distante, para sorpresa de quien escribe esta nota. La fotografía donde estoy retratado pertenece al stand de Chile, país invitado de la Feria Colombiana del Libro 2007 y la imagen de Bolaño brilló por su ausencia en ese espacio. El pago de Chile, país de chaqueteros (tirar para abajo) dijo el cineasta Raúl Ruiz, citando al poeta Waldo Rojas. Hubo, por esos días, una charla velocísima de un colombiano sobre la obra de Bolaño, mientras sus libros se vendían y eran buscados en la feria. Bolaño, que era un escritor “duro”, no daba ni pedía cuartel, se fue un 15 de julio hace casi cinco años, y en medio de una leyenda, el polvo de su cadáver se diseminó por el Mar Mediterráneo en una ceremonia vikinga, su última morada. Siempre dijo que su patria era la lengua. Lo consideraban español en Chile, solía recordar, no mexicano en México y tampoco español en España. La literatura universal es apátrida, he terminado por convencerme, un buen libro no tiene casi derecho de autor. Poco antes de morir, fue postulado al Premio Nacional de Literatura de Chile, pero el autor de 2666 no estaba en carrera. Lo que importa de Bolaño es su actitud frente a la vida, su obra, la visión crítica de país, su infatigable capacidad de lector alerta, su condición de latinoamericano, su irrupción en el escenario literario con una nueva mirada y propuesta. Bolaño, trotskista-anarquista, hijo de un camionero boxeador, sin disimulo tira de la madeja literaria de Joyce, Borges, Kafka, Cortázar, Parra, y arma su propio camino. “Exige” un lector atento, interesado, comprometido, cómplice, y en eso se parece a Julio Cortázar. (La Feria de Buenos Aires y Piglia deberían apostar por un lector cómplice) Nadie puede negar que Bolaño dejó su hígado en la literatura, se la jugó. En ese sentido, un escritor de otro siglo. Sería interesante que Piglia, quien lo conoció por correspondencia y ha dado conferencias sobre su obra en Chile, lo invite a participar en su conferencia apertura de la feria porteña. Es el escritor chileno más próximo a su pares argentinos: Borges, Cortázar, Marechal, Arlt, Piglia, etc. Bolaño ficcionó su vida y transformó su literatura en universal.
Los comentarios son demasiado largos para leer, al igual que el verboso post, de forma que no sé si me perdí de algo, pero ese poema no es de Borges. Si empezamos por esas dos palabras no-borgeanas, guión y tictac, creo que no es necesario continuar.
Veo que estamos ante un experto..en la era digital la gente lee los celulares, esa es la nueva cultura...ahi escriben sus grandes poemas y novelas...Afortunadamente se escribiò el Quijote..Ulyses...En Bùsqueda del tiempo perdido..La Montaña Màgica...2666....Los detectives salvakes..y muchas novelas largas, entretenidas, inteligentes, cultas.....Es mejor detenerse frente a face book y no pensar en literatura, ni en el complicado Borges....Existe el lector hembra y macho...recuerdan a Cortàzar....???? en una coctelera cabe de todo, hasta la estupidez, la
El tamaño es importante????
Ya hablaremos de Borges...màs..es interesante que una nota que `puede ponerse en duda, anime a un grupo de gente a hablar de literatura....es un acierto.....
Ya
Por cierto, vanbrugh, también comparto contigo la imposibilidad metafísica de ponerle un solo reparo a Bach. Coetzee, en su último libro (Diario de un mal año) dice que le gustaría resucitar un momento a Bach para rendirle torpe tributo de admiración, que le gustaría -si se pudiera escoger eso- que hubiera sido su padre, etc. Y que es una prueba de la existencia de Dios, y no las burdas de santo Tomás. Otro autor, sudamericano, que ahora no recuerdo, dice que Dios creo al mundo para que pudiera exisitir Bach. Y yo añado por mi parte, que cuando oímos a Bach y lo comparamos con Haendel, por poner un excelso caso, la diferencia está en que en este último oímos una obra acabada, un propóssito cumplido, un plan ejecutado, pero en el primero oímos la música en gestación y progreso (y no hablo sólo de sus variaciones). En un momento en que la melodía lo era todo, Bach, antes que el jazz y la música afro, descubrió, de un lado, el ritmo, que estaba oculto en las canciones populares y que Stravinsky luego reinventó en forma de sutil primitivismo, y de otro la múúsica en marcha, el proceso. Vamos que para mi tengo que Bach también inventó el jazz.
Como sabes yo no creo que se pueda -ni haga falta- probar la existencia de Dios. Pero sí digo muy seriamente que algunas músicas, entre ellas muy señaladamente algunas de Bach, están en la raiz de mi certeza personal de que Dios existe.
Borges era agnòstico...sòlo creìa en las dos fechas...nacimiento y muerte....En Ginebra estàn..Alguien ha leìdo La Puta de Babilonia del Colombiano Fernando Vallejo, es otro tipo de mùsica....
A propòsito de Borges,. dijo Nicanor Parra....
Quédate con tu Borges
él te ofrece el recuerdo de una flor amarilla
vista al anochecer
años antes que tú nacieras
interesante puchas qué interesante
en cambio yo no te prometo nada
ni sexo ni dinero ni poesía
un yogur es lo + que podría ofrecerte.
Estimado Rolando
De lo poco que he leído por encima de Fernando Vallejo, este se me antoja un tremedista y un bocazas. Creo que Lansky tiene dichas por ahí, en otros blogs, algunas cosas de interés sobre el interfecto.
Pero, vaya, lo mío no dejan de ser impresiones fugaces tras haber hojeado las páginas de alguno de sus libros junto al expositor de ventas. Los libros muy cortos -como lo son los suyos- no terminan de convencerme.
Fernando Vallejo es un enorme novelista. Lo que yo he dejado dicho es que lamentablemente le dio por estudiar biología, sin ningún aprovechamiento, y escribe unos horrorosos ¿ensayos? pseudocientíficos en los que pretende rebatir el darwinismo. En eso es como otro gran novelista, Vargas Llosa, y sus patéticas hagiografías económico liberales.
No he leído mucho de Vallejo, solo una trilogía supuestamente autobiográfica cuyo nombre no recuerdo. No es que quiera conciliar artificialmente posturas opuestas, pero me pareció, cuando lo leí, hace ya años, un enorme novelista, tremendista y bocazas. No me parecen cualidades incompatibles y creo que él las reúne todas.
hay que leer,,,leer y bien decìa Borges y Bolaño..comienzan con B....ya que se tocò el tema de la mùsica...a Borges le gustaba la Milonga..detestaba el tango..a a gardel...etc....rara avis este Jorge Luis....su amigo Byoi le describe en Borges..aun no termino ese feroz reciento de sus conversaciones.....Vallejo...Ls Puta de Babilonia...muy documentado libro....Saramago dice que si no existieran als religiones no habrìan guerras....
Neruda leyò bien desde joven a los franceses..ingleses..y cambiò la poesìa...Parra hizo otro tanto..y ahi esta la antipoesìa...leer..leer aunque el mundos e vaya acabar..tugar tugar salir a buscar UN LIBRO......
Es muy hermoso el soneto, la parafernalia que arropa al poema para tentar la credibilidad de su autoría y los ricos comentarios que le siguen en pluma de unos y de otros. Pero el tema puede ser delicado, incluso en broma. Y sino ojo al dato:
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/01/30/cultura/1233303655.html
Un saludo.
Saben quién es? una pista, de origen peruano...pero el Plagio no tiene patria....
El reciclador sin memoria
Rolando Gabrielli
El plagio es màs antiguo y resistente que las cucarachas que lo practican. Es el abrazo silencioso de la Boa contrisctor que se va engullendo su presa en silencio, casi sin dolor y la mantiene a su placer, en un tradicional ritual de su propia sobreviviencia. Es un vicio que se puede apoderar de la maquinaria recicladora que convive con cada Escritor y si no sabe administrarla con imaginaciòn, honestidad, sabidurìa, se apodera del mismo y lo convierte en carroña, algo asì como desperdicio de una obra ajena.
Hace ya mucho tiempo que se viene hablando de un caso. A Acusaciones, abogados, recursos, y van saliendo pruebas como pequeños demonios encantados. Sorprende a algunos cuando son autores tan premiados internacionalmente, absolutamnente bañados por el sagrado rìo Ganges, escoltados por faraones en el Nilo y abren las puertas de templos y palacios sòlo con mirarlos o abrir la boca. Pequeños dioses de reputadas editoriales. Seres que viajan con su àngel a rendir culto a la palabra, dictar cátedra y son jurados de concursos que todo el mundo jura que son transparentes.
Pareciera ser que el acso ha lleagdo casi a su fin, porque cada dìa aparece un nuevo plagio que ya no conmueve a nadie. La rutina es asì de cansona. Se convierte en lo inevitable, aquello que sucederà a pesar de. La sanciòn ha llegado por haber plagiado a 15 autores en 16 artìculos escritos. Un rècord nada despreciable para Guiness. Pero quièn serìa el menospreciado, el Patito Feo del grupo que no tentò al plagiador?. Se habla de 177.500 nuevos soles, una moneda que alumbra, se apaga y vuelve alumbrarse cuando se le inyecta màs calor y luz. Son exactamente 57.258 dólares. El hombre tiene recursos, dijo que la ley peruana no puede sancionar lo que se hizo en territorio extranjero.
Ya le llaman autor copy paste (copiar y pegar). En realidad es un entusiasta de la obra ajena y eso no se debiera sancionar, si no se incurriera en el delito de reescribirla. Borges hablaba de otra cosa. Lo del era pura ficciòn dentro de la ficciòn, complicidad, pero no entrar con las manos en saco ajeno. Plagiar a sus amigos ademàs es un acto de doble carroñerìa. A un diplomàtico es un abuso de la pobre imaginaciòn. Al hombre pareciera interesarle el lado B de la literatura.
posted by Rolando Gabrielli at 3:50 PM 0 comments
¿Indiana Vargas en el Congo?
¿Puede haber un luhgar màsoscuro y tràgico en la historia de Àfrica que otro? ¿Quien habrà pintado de negro la màs negra historia de la humanidad? La esclavitud del hombre es màs oscura que cualquier piel. Esclavitud que se convierte en perro ciego en todos los amos blancos del mundo. Negros que dormìan y vivìan en las noches màs negras de la humanidad y de todos los tiempos. Àfrica viene detràs del oscuridad y su historia la han construido y esrito muchas manos blancas, las que marcaron a sangre y fuego a ese continente, millones de ellos muertos, torturados, violados, humillados, esclavizados de por vida en cuerpo y espìritu, salvajemente desarraigados de sus tierras, casas, paìses, familias, sueños, hostoria, barrios, padres. Àfrica nos ha demostrado que el dolor es negro. Àfrica ha sido el continente del comercio humano, una gran carnicerìa de gente engra atravesando los mares, y una carnicerìa colonial, sumida por la bayoneta y despuès por las luchas tribales sanguinarias. El horror del horror està escrito en sus pieles, en las hondas huellas de cada caserìo, rìos, selvas, en ese enorme y desolado y fantàstico paisaje salvaje y lleno de poesìa. No es Tarzàn, Chita ni Jane, ese maravilloso continente, donde Estados Unidos consiguiò el uranio para las bombas atòmicas que lanzaron en Hiroshima y Yamasaki. Uranio del Congo belga.
Èramos apensas muchachos sin internet, ni videojuegos, ni ninguna otra tecnologìa màs que la radio, ni TV, cuando escuchàbamos en el Sur: ¿Què pasa en el Congo/a blanco que pillan/lo hacen momdongo...Despuès de viajar al tròpico supe que mondongo eran las famosas guatitas chilenas, tripas del cerdo que se pican y cocinan con salsa. Patrice Lumumba ya era el primer ministro de la Repùblica Democràtica del Congo. Gobernò unos pocos meses en 1960 y fue asesinado por òrdenes del gobierno Belga y Estados Unidos. Los casi 50 años despuès son historia, la misma historia de una historia que se repite dentro de un mismo color y propòsito, sòlo que cada dìa se derrama màs sangre aunque quede menos sangre que derramar. Rolando Gabrielli©2008
Rolando Gabrielli: Bryce Echenique
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